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18/11/08

Los pingüinos del invicto Caudillo

No sé por qué, me he acordado de un capítulo de Cuéntame, el más famoso, supongo: Los pingüinos del invicto Caudillo.
Durante todo el capítulo le dan vueltas a que estén pendientes de la televisión, porque cuando salgan pingüinos, significará que Franco ha muerto.
He estado buscando si esto de los pingüinos fue verdad o los guionistas se tomaron la libertad de incluirlo para hacer el guión más interesante.

Cuando echaron el capítulo todo el mundo me decía que era mentira, sobre todo porque por la noche cortaban la televisión. Cierto, se cortaba la programación y ponían la carta de ajuste, que era un hilo musical. Pero algunos días había excepciones y el 20 de noviembre fue una de ellas.

El documental que pusieron se llamaba Es duro ser pingüino.
Resulta que alguien se inventó que la clave de la muerte del caudillo sería la aparición en televisión de unos pingüinos. El rumor fue circulando por todas partes, hasta que llegó a los oídos de alguien de RTVE (dirigida en 1975 por Sancho Rof).
Cuando ya estaba lo suficientemente claro que Franco estaba muerto, pusieron efectivamente el documental de los pingüinos, antes que el mensaje de Arias Navarro.

Emilio Martínez Lázaro (director de cine) trabajaba en Televisión Española y dice lo siguiente:

"Teníamos información privilegiada. Los propios directivos de televisión, gente afecta al régimen, nos informaban por los pasillos de todos los tubos que le iban poniendo; y en la forma de ellos relatarlo y en la manera de celebrar nosotros cada noticia había mucho sadismo. No se veía a nadie compungido. Los documentales aquellos que ponían de madrugada nos parecían entonces de lo más gracioso. Uno se titulaba Es duro ser pingüino. No cuento esto con orgullo. En el fondo sentí rabia y frustración por permitir que ese hombre hubiese muerto tranquilamente en su cama, sin un solo disturbio, apaciblemente".

26/6/08

Entre visillos

La vida trató mal a Carmen Martín Gaite.
Estuvo a punto de morir de tifus.
Se casó con Rafael Sánchez Ferlosio. Tuvo un hijo, Miguel, que murió de meningitis sin haber llegado a cumplir un año.
Tuvo otra hija, Marta.
Se separó de su marido, y 11 años después de la separación, falleció Marta, con 29 años.
Ella murió a los 74 años.

Hoy he terminado de leer su primera novela, Entre visillos.
Algunos pasajes de sus libros son autobiográficos. Esta obra se centra en un instituto femenino (como en el que ella estudió), donde los problemas no son mucho más trascendentales de los que puedan tener un grupo de chicas limitadas por sus familias y enamoradas de su profesor de alemán.

Y qué casualidad: buscando información sobre Carmen Martín Gaite, he encontrado esta imagen en una página francesa.
Es una foto en su instituto -Lucía de Medrano de Salamanca (1941-1942)-.
Ella es la segunda, de izquierda a derecha, de las chicas sentadas en suelo.
He reconocido las tres ventanas que describe en la novela.
Llevo un rato intentando investigar a cuáles de sus compañeras les cambió el nombre para crear a sus personajes, Gertru, Natalia, Julia, Alicia, Goyita, Elvira... Pienso que Tali es la chica a la que Carmen está cogida; y seguro que Petrita es la tercera de derecha a izquierda, de las que están en el suelo.

Aparte de todo esto, no puedo evitar decir que... ¡HE APROBADO TODO! Paso limpia a segundo :)

8/6/08

Mis placeres prohibidos

Si bien en la entrada anterior dije que Juanra no me gustaba, Luis Cernuda tampoco me era de especial agrado por idéntico motivo. Hasta ahora.
Lo único que había escuchado acerca de él (en el terreno personal, claro) es que era lo que vulgarmente llamamos en Granada un malafollá.
Pero esta tarde he visto "El público lee" (programa que os recomiendo): es ahora cuando entiendo el porqué de su hostilidad. Y también ahora es cuando me pregunto por qué me dejé llevar por ajenas opiniones, por qué no indagué sobre los autores a los que ella despreciaba. Por qué solo se conoce a los maestros... y sus gustos. (Con esta frase no pretendo insinuar que Salinas no lo merezca).
Mi verdadera conclusión: Cernuda no era un misántropo, solo tenía miedo.

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Si el hombre pudiera decir lo que ama,
[...]
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
[...]
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

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El amor no tiene esta o aquella forma,
No puede detenerse en criatura alguna;
Todas son por igual viles y soñadoras.

5/6/08

"Hortografía" Juanramoniana

Para mí siempre ha sido Juanra. No es uno de mis autores favoritos. Es sorprendente cómo la opinión personal de una profesora puede influir en la valoración positiva o afirmativa de un escritor (evidentemente, en este caso fue negativa, ella lo odiaba).

Ahora, desde otro prisma mucho más particular, valoro su obra. Pero hay algo que nunca concebiré: su imperiosa obsesión por eliminar la "ge" del panorama lingüístico. De hecho, su típico verso "¡Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas!" no puede parecerme más risible. ¿Que te dé el nombre exacto de las cosas? InteliGencia.

Y que conste que he empezado a hablar de Juanra porque su aniversario fue hace poco y nadie le rindió homenaje (sí, esta es mi particular manera de homenajear), pero no es el único, ni el más radical.

Otros escritores de su misma condición son Unamuno: "Hay que escribir el castellano con ortografía fonética. ¡Nada de ces! ¡Guerra a la ce! Za, ze, zi, zo, zu con zeta, y ka, ke, ki, ko, ku con ka. ¡Y fuera las haches! ¡La hache es el absurdo, la reac­ción, la autoridad, la Edad Media, el retroce­so! ¡Guerra a la hache!"

O el mismísimo Gabriel García Márquez: "Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lágrima donde diga lagrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?"

No sabéis cómo me duele, especialmente por parte de Unamuno. Y es que soy una purista del lenguaje, a pesar de haberme dejado en blanco la palabra incólume.

9/5/08

Peer Gynt

Fui hace unas semanas a un concierto de la OCG. En cuanto nos dieron el programa, unos cuantos catetos (me incluyo), empezamos a reírnos al comentar que la obra que íbamos a escuchar no la conocía ni Dios: "Vaya nombre, Peer Gynt, qué será eso..."

Empezó el concierto. La música era estupenda, me estaba gustando bastante para ser una composición de la que no había oído hablar en la vida... hasta que empezó un movimiento que todo el auditorio reconoció.

Entonces fue cuando abrí de nuevo el programa y lo leí de arriba a abajo. Me encantó la historia, así que la contaré:

Peer Gynt es una novela de Henrik Ibsen, que posteriormente Edvard Grieg transformó en música. El protagonista es Peer, un hombre enamorado de Ingrid. Ingrid se va a casar con otro hombre, y Peer acude a la boda para impedirlo. Pero en dicha boda, baila con una invitada llamada Solveig, de la que se enamora, pero luego recuerda que él estaba llí para evitar el enlace, así que secuestra a Ingrid y la abandona en la montaña. En la montaña se encuentra en apuros porque le persiguen monstruos y duendes, de los que se salva gracias al repicar de una campana. La madre de Peer muere, y se entera gracias a Solveig de que le están buscando en el pueblo por el secuestro de Ingrid. Huye hacia el Sur, llega hasta África, donde también se enamora de Anitra (que le hace una exótica danza). Anitra es su perdición porque le da todo su dinero y se empobrece. Finalmente,cuando ya es un viejo desgraciado, vuelve a su lugar de origen, donde se reencuentra con Solveig. Ésta, a pesar de ser también una anciana, conserva la voz joven y canta una dulce melodía. Juntos pasan el resto de sus días.

Y mientras yo leía este argumento, volvió a sonar otro conocido movimiento, y otro más... mientras tanto yo detenía la lectura para disfrutar de la música.
En el programa, además, venía un cuadro que en seguida reconocí que era de Munch: era un cartel para Peer Gynt (
vide imagen).
Resulta que Peer Gynt es la síntesis perfecta de la cultura noruega. Tanto el autor del libro (Henrik Ibsen), como el compositor de la música (Edvard Grieg) y el pintor (Munch) son noruegos, y unidos forman un tándem muy singular.
En definitiva, la obra se ganó mis aplausos.