10/9/11

Sala dorada


¿Os acordáis de esta entrada?

Ya he ido. He estado en el Musikverein de Viena, y no solo eso, sino que he dado palmas al ritmo de la Marcha Radetzky. Estuve allí por pura casualidad, cuando escribí aquella entrada no esperaba que iría a Viena en el verano, del mismo modo que cuando supe que me iba a Viena no imaginaba que escucharía un concierto en la famosa Sala Dorada una noche de lluvia, pero sea como sea ya es algo que puedo tachar de mi lista.


Es mucho más pequeñita de lo que parece, uno se imagina un salón enorme y cuando entras te llevas un palo, pero tengo que decir a su favor que lo de "dorada" lo cumple con creces.

Vílchez con zeta

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Más de tres años he tardado en averiguarlo.
Me refiero a esta entrada escrita en 2008 (ver aquí). Por aquel entonces acababa de aprobar mi carné de conducir pese a no haber dado una de mis mejores muestras de conducción, sin embargo mi examinador supo que estaba nerviosa y me aprobó. Desde entonces me obsesioné en saber cómo se llamaba, me molestaba no poder ponerle nombre y apellidos certeros.

Ayer, cosas del destino, alguien me lo dijo: José Luis Vílchez. Ya no recuerdo su cara, solo me acuerdo de sus ojos en el retrovisor, pero no olvido que conmigo se portó bien (y me consta que con otros también), por eso le vuelvo a dedicar una entrada.

12/4/11

Mater Admirabilis

El monasterio de la Trinidad del Monte, construido sobre la colina del Pincio, frente a la Plaza de España de Roma, se fundó en el siglo XV por San Francisco de Paula gracias a los Reyes de Francia. Este edificio se entregó a las Religiosas del Sagrado Corazón en 1828, de acuerdo con los deseos del Papa León XII, para que instalaran allí un colegio.

Una postulante francesa, Paulina Perdrau, más tarde Religiosa del Sagrado Corazón, estudia arte en Roma en 1844. Pinta la Virgen en uno de los muros del claustro del monasterio. Tenía talento aunque desconocía las técnicas de la pintura al fresco, pero tras muchas horas de dedicación, terminó la obra. Los colores resultaron demasiado vivos y la pintura se destinó a ser cubierta con cal.

Cuando pasó el plazo de indulgencia y se iba a encalar el fresco, se levantó la tela que lo cubría: la pintura se había secado y todos se sorprendieron de la belleza del cuadro. Se llamó "la Madona del lirio" hasta el 20 de octubre de 1846, fecha en que el Papa Pío IX al ver la imagen la bendijo y exclamó: «¡Verdaderamente es Mater Admirabilis!», nombre por el que se la conoce.

Mater Admirabilis es el cuadro que durante 15 años he contemplado todos los días, el que he coloreado cada 20 de octubre, y el que algún día iré a ver en vivo y en directo.

6/1/11

Campus Stellae

Hoy en Saber y Ganar han tenido un pequeño fallo:

Ante la pregunta de qué efecto luminoso fue el desencadenante para que Pelayo encontrara el sepulcro del apóstol Santiago, han dado como solución una lluvia de estrellas.

No es del todo erróneo, pero no hubo tal fenómeno. En efecto, Pelayo advirtió noche tras noche que algo brillaba. Pensó que podía ser una lluvia de estrellas, pero al extrañarse de que el resplandor se prolongara a través de los días, llamó al obispo Teodomiro para comentárselo y bajar una noche a explorar la zona.

Cuando llegaron allí descubrieron los restos del apóstol Santiago y de sus discípulos Teodoro y Atanasio.

¿Qué producía entonces aquella luz?
Los huesos tienen fósforo, elemento que luce en la oscuridad al entrar en contacto con el oxígeno. El resplandor, por tanto, no procedía de una lluvia de estrellas, sino que lo emitían los cientos de huesos que había en la fosa donde se encontraba el apóstol. Y sí, al lugar se le llamó campus stellae por su similitud con un campo estrellado, de ahí el topónimo de Santiago de Compostela.